En colaboración con Adela Jiménez Herencia – muchas gracias.
Un amigo me escribió preguntándome, entre otras cosas: «¿Será que piensas desde el final?». No entendía esta última pregunta. Luego me di cuenta de que sus preguntas tenían algo en común: Se mueven en el flujo del tiempo que caracteriza nuestra vida cotidiana. Como personas, como seres humanos, damos esto por sentado. Siempre estamos en el tiempo. Porque no podemos estar fuera del tiempo. Aunque pudiéramos viajar en el tiempo, seguiríamos moviéndonos en él.
Nuestra propia identidad requiere la capacidad de recordar, implica, un pasado y también ideas sobre el futuro. Y entre ambos está el presente, apenas tangible. Nuestra identidad está inextricablemente ligada al tiempo, esto es, al pasado, al presente y al futuro. Incluso San Agustín enseñó que el tiempo no es una cantidad absoluta, sino parte de la creación.
Sin tiempo, no hay persona, no hay humanidad. El filósofo británico McTaggart es el único que conozco que intentó demostrar que el tiempo es una ilusión, pero sin cuestionar a la propia persona. En 1908 publicó varias series temporales que, según él, conducían a contradicciones [1], de las que extrajo la conclusión de que el tiempo es una ilusión. Pero, ¿es posible que no exista el tiempo y, sin embargo, haya personas que piensen en el tiempo? Con esto quiero decir que sólo cuando la persona es vista como una ilusión, el tiempo puede ser visto también como una ilusión.
La pregunta de si pienso desde el final probablemente sólo pueda responderse dentro del flujo del tiempo. Todavía no tengo una respuesta a eso. Si hablo de lo único, hablo también sobre el ver que no hay nadie que vea, y, por lo tanto, tampoco tiempo. Así que la ilusión del tiempo va de la mano con la ilusión de la persona.
Ver lo único no ocurre en el tiempo. Nadie puede decir que vio a lo único ayer.
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[1] https://plato.stanford.edu/entries/mctaggart/ 26.04.2023, Chapter 3. The Unreality of Time

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