En colaboración con Adela Jiménez Herencia – muchas gracias.
Es un experimento de pensamiento popular hacer una pregunta a alguien que ya ha muerto y luego tratar de responderla a partir de los documentos existentes. Me encontré con una pregunta así a Immanuel Kant. «¿Soy lo que pienso?», pregunta Irene Gómez-Olano[1] y luego responde a esta pregunta con un no en nombre de Kant. Y eso es comprensible. Pues Kant se dedicó con intensidad al estudio de la subjetividad de nuestra percepción sensorial[2]. Por lo tanto, sólo queda un pequeño margen para cuestionar nuestra propia imagen.
Por otra parte, creo que más que plantear la pregunta anterior, lo fundamental sería hacerla de esta manera: «¿Soy lo que piensa?» O, en otras palabras, ¿existe en realidad un yo que piensa? Kant probablemente respondería a priori a esta pregunta de forma afirmativa. Pues, para él, el yo es algo natural. Porque esto se corresponde con su idea trascendental de la inmortalidad[3].
El enfrentamiento con un no-ser, o una nada, parece no tener importancia para Kant. Por ello, duda a la hora de hacer un comentario sobre esto, señalando que «si bien carece en sí mismo de especial importancia, podría considerarse necesario para completar el sistema»[4], puesto que él también piensa en sus propias categorías como negación. Y, sin embargo, se atreve a dar algunos ejemplos concretos[5]: así, considera nada a la sombra, porque una sombra es sólo la ausencia de luz; también considera que el espacio y el tiempo son nada, porque no son objetos; y, por último, un ejemplo interesante, el de considerar que la negación de una cantidad (del todo, de muchos, de uno) es igual a nada. Pero esto es sólo una conclusión racional para Kant. No parece que su objetivo sea ahondar en esto.
Kant menciona a Copérnico en el prólogo de la segunda edición de la Crítica de la Razón Pura en 1787[6]. Copérnico cambió la perspectiva de la percepción del movimiento de las estrellas, que ya no giran alrededor del espectador en la tierra, sino que es el espectador el que gira alrededor de estas. Kant hace ahora una analogía y se pregunta si esto no se podría probar de manera similar en la metafísica. Esta sugerencia es citada y utilizada como fundamento de manera recurrente por numerosos autores. Y eso, a pesar de que el propio Kant suele mantener en el centro al espectador y, por tanto, también mantiene al yo en torno al cual gira todo.
Tras todo lo dicho anteriormente, me parece que Kant sólo completó parcialmente el giro copernicano. Pues, si lo hubiera hecho completamente, difícilmente se habría detenido en seco en su valoración sobre «si bien carece en sí mismo de especial importancia». Dicho esto, podría haberse pensado que sus afirmaciones sobre la nada podrían ser un comienzo para sacar ese yo, del que habla Kant, del centro y ver que donde no hay nada, no hay un yo que piensa.
[1] Irene Gómez-Olano. Kant: ¿soy lo que pienso? FILOSOFÍA & CO, 2022. En https://www.filco.es/kant-y-el-yo/. 31.7.2022.
[2] Immanuel Kant. Crítica de la Razón Pura. Taurus Pensamiento, 2005. Traducción Pedro Ribas. P. 42pp, (B 33ff)
[3] Ib. p. 20, (B XXX), y p. 30, (B 7)
[4] Ib. p. 214, (B 346)
[5] Ib. p. 214, (B 347)
[6] Ib. p. 15, (B XVI)

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